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Artículo: El futuro del agua

Mario Pino*

Las crisis en el abastecimiento de agua en Brasil están sucediéndose a una velocidad y gravedad crecientes. En el Nordeste, severas secas marcaron de forma dramática los años 1980, 2009 y 2017, y en el Sudeste, los años 1964, 2003 y 2015. Esta escalada va al encuentro de las estadísticas divulgadas por la empresa alemana Munich Re, una de las mayores compañías de reaseguro del mundo, según las cuales la frecuencia de los eventos climáticos extremos en el planeta con pérdidas económicas creció cerca de 3,0 veces desde 1990 y, según el Forum Económico Mundial, ya causan un perjuicio anual de US$ 1,3 billón para la economía mundial.

Datos del Worldwatch Institute (WWI) apuntan que el crecimiento poblacional hasta el 2030, cuando el número global de habitantes deberá llegar a cerca de 9 mil millones, demandará 50% más alimentos, 40% más de energía y 30% de agua. En este horizonte de tiempo, la Organización de las Naciones Unidas proyecta que la demanda por agua deberá superar la oferta en un 40%. En los países menos desarrollados este déficit, combinado a la falta de saneamiento básico para buena parte de la población, compromete dramáticamente los esfuerzos para la reducción de la mortalidad infantil, causada especialmente por enfermedades gastrointestinales.

A pesar de que consuma cerca del 20% del agua utilizada en el mundo, en comparación a los 70% absorbidos por la agricultura irrigada juntas, el sector industrial tiene convicción de que la principal amenaza de esta progresión alarmante recae sobre su actuación. Incluso porque el acceso al agua es considerado un derecho humano fundamental por la Organización de las Naciones Unidas desde el 2010, la población, que consume solamente 10% del total, tendrá siempre prioridad en los casos de grave escasez hídrica. Así como la agricultura, ya que la producción de alimentos es esencial para la vida. Por tanto, en esta circunstancia, la industria será la primera a ser afectada por eventuales restricciones en el suministro de agua.

Muchos pasos ya fueron dados por el sector industrial para reducir el consumo de agua tratada. Trayendo la cuestión para Brasil, la solución del agua de reuso industrial, producida a partir de las aguas residuales tratadas con tecnología avanzada que incluye membranas de ultrafiltración y osmosis reversa, está disponible y su adopción es creciente entre las grandes empresas. Una de ellas es Braskem, que por medio de una colaboración con Odebrecht Ambiental y la Sabesp viabilizó la creación del Proyecto Aquapolo, en el ABC Paulista, del cual la petroquímica consume el 65%. Esta iniciativa permitió ampliar el índice del agua de reuso de Braskem en la región para un 97% del total.

No basta al sector privado cuidar del uso eficiente del agua internamente en las industrias, sino comprometer a toda su cadena de valor (proveedores y/o clientes) en este esfuerzo, además de buscar cooperación intersectorial para debatir políticas públicas que incentiven el reuso de agua de lluvia, de aguas residuales domésticas y efluente tratado, de agua desalinizada. En este sentido, un modelo a ser seguido es el Movimiento Menos Pérdida Más Agua, lanzado por la Red Brasil del Pacto Global, que está relacionado a la ONU.

Uno de los principales objetivos  de este movimiento es promover el comprometimiento del poder público, de la sociedad organizada y de la iniciativa privada en el control y reducción de las pérdidas de agua tratada en la distribución, que alcanza un índice promedio de 37% en nuestro país, mientras naciones como Japón logran contener el desperdicio a menos del 10%. El camino es conocido. Comienza por reducir la presión en las redes de distribución, pasa por establecer sistemas de micro y macro-medición capaces de alertar sobre posibles fugas y, a partir de las informaciones recolectadas, planificar y ejecutar el cambio progresivo de la red física de distribución. Tubos de polietileno de alta densidad y de policloruro de vinilo - PVC han demostrado ser alternativas más eficientes, duraderas y competitivas para sustituir materiales tradicionales como el fibrocemento y metales diversos.

En suma, invertir en el aumento de la eficiencia del uso del agua puede generar retornos elevados directos para toda la sociedad. Vea el ejemplo de Sanasa, operadora de los servicios de agua y alcantarillado en la región paulista de Campinas, que redujo el Índice de Pérdidas en la Distribución del 37,7% en 1994 para 21,6% en el 2016, ¡uno de los menores del País! Esta reducción ahorró 454 millones de metros cúbicos de agua, garantizando el mantenimiento del volumen de entrega incluso con el crecimiento poblacional del 31%.

La mejoría de la eficiencia en el uso del agua, ya sea para fines domésticos, industriales o agrícola, es posible, pero pasa necesariamente por el comprometimiento y cooperación de todos, gobierno, sociedad y sector privado para producir una solución a la velocidad y en la escala necesarias.

*Mario Pino es Gerente de Desarrollo Sustentable de Braskem.

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