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Artículo: Conformidad como factor de competitividad

Everson Bassinello*

Crisis es oportunidad para cambios de comportamiento y evolución del género humano. Un buen ejemplo es el combate a la corrupción en los Estados Unidos, que cuentan desde 1977 con el Foreign Corruption Practice Act - FCPA. Pero fueron necesarias casi tres décadas y la insurgencia de escándalos para que el tema se enraizase en la cultura empresarial y política de ese país. Brasil tiene la misma posibilidad de mejorar sus modelos éticos, de integridad y transparencia en la vida pública a partir de la práctica plena de la Ley Anticorrupción, vigente desde 2014. Esta transformación se está consolidando en el ambiente empresarial, influenciando al sector público a seguir el mismo movimiento.

Hay un largo camino a recorrer para alcanzar ese objetivo, pero ya dimos los primeros pasos. Nunca se vio como ahora la profusión de cursos, seminarios y workshops sobre el tema compliance, o conformidad para usar su equivalente en nuestra lengua, así como también creciente en nuestro mercado de trabajo la demanda de profesionales que actúan en esa área. Es una evolución de la tendencia que comenzó en las empresas con la implementación de los códigos de conducta, de canales para denuncia de desvíos éticos, de defensorías, de políticas de gobiernos corporativa y seguridad empresarial. 

Muchas veces también es necesario superar resistencias internas, especialmente en empresas poco afectas a controles y procedimientos, donde la exigencia de establecer procesos, verificar su cumplimiento y medir resultados puede ser confundida como factor de burocratización y pérdida de agilidad, eficiencia y autonomía en la toma de decisiones de negocio. El desafío para quien trabaja en conformidad es demostrar a sus compañeros que, una vez implementados los procesos y mecanismos de controles necesarios, la dedicación y los recursos invertidos en eso más que se pagan con la reducción de riesgos e incluso de costos, incluso por desvíos evitados, sin hablar en la ayuda a la correcta toma de decisiones y en la mejora de las condiciones de acceso al mercado financiero. Entender que ese camino es también factor de competitividad exige un cambio cultural, y eso no se consigue de la noche a la mañana. 

Al mismo tiempo, es necesario expandir el cambio de mentalidad para toda la cadena de valor, involucrando a proveedores, clientes y entidades de clase para hacer al ambiente de negocios cada vez más saludables y transparente. La participación en acciones colectivas por medio de asociaciones con otras empresas y entidades es una manera de expresar el compromiso de la empresa, de compartir experiencias, resultados y acciones, de influenciar y ser influenciado por buenas prácticas y por la promoción de mejoras de las condiciones de los mercados y ambientes de actuación. 

De esa forma, en combinación con la evaluación (due dilligence) de proveedores y clientes, prevenimos que el esfuerzo de una empresa en la dirección correcta pueda verse comprometido por un aliado que adopte prácticas no conforme con una actuación ética, íntegra y transparente. En el límite, dichos cuidados implican hasta dejar de hacer un negocio o perder un cliente, lo que es desagradable aunque necesario. Ese es un camino sin retorno, que será acompañado por la sociedad y por los mercados, cada vez más ávidos por transparencia en las empresas.

*Everson Bassinello, Chief Compliance Officer (CCO) de Braskem.

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